Reportaje: #131
La NASA lo llama
“Phoenix” (mientras vuela) y “Mars Lander” (Aterrizador de Marte) cuando está
aterrizado en Marte: “Phoenix Mars Lander”.
Phoenix, el ave
que se deja quemar viva para morir en el fuego y así renacer renovada y más
fuerte otra vez. El ave Phoenix, que se levanta de las cenizas. Ahora, casi se
cayó en las cenizas de Marte. Estuvo volando en su descenso desde la órbita muy
cerca, si no directamente, sobre un gran cráter. Un aterrizaje dentro o en los
accidentados terrenos hacia el fondo de este cráter inmenso habría sido otro su
éxito. Iba a ser el tercer enviado especial fallido en el intento de aterrizar.
Por suerte, no fue así. No hay muchos lugares tan lisos y con pocas rocas como
el donde aterrizó por fin.
La NASA nos
muestra en esta aventura dos cosas.
Una, que está
jugando al póker. A lo grande. A lo caro. Cientos de millones de dólares
enviados a un lugar lejísimo de la Tierra. Un lugar en movimiento.
Marte gira sobre
su eje, se aleja en su órbita cada momento del lugar donde estaba hace un
instante. Ok, estos movimientos son lineales y no saltos cuánticos; es decir,
un movimiento lineal de un planeta se puede calcular. No yo personalmente, pero
un astrónomo con un buen computador sabe dónde se encontrará mañana un planeta
en el espacio. Ya hay el Mars Orbiter circulando sobre Marte. Posiblemente se
usa su posición también para correcciones del Phoenix.
Pero el Orbiter
circula también constantemente alrededor de Marte. A veces entra en la sombra
del propio Marte, es decir, Marte se coloca entre el Orbiter y la zona en
camino o la Tierra. Así, las señales tienen que ser almacenadas en una
computadora del Orbiter y, cuando vuelve a estar en contacto con la Tierra,
puede enviar rápidamente los datos. También, como saben, recibe todos los datos
de los dos Mars Rovers, Opportunity y Spirit. No son pocos los bits y bytes que
absorber y transmitir hacia la Tierra, al centro de control de la NASA. No
hemos hablado todavía de las imágenes que está tomando el Orbiter mismo.
También hay que enviarlas a la Tierra. Si el Orbiter puede corregir su curso y
girar su cámara fotográfica hacia enfoques de interés espontáneos, no lo sé.
Discúlpenme, pero no soy profesional en ingeniería, astronomía, electrotécnica…
Soy como tú y como vosotros allá, me interesa todo eso, pero hasta ahí no más.
En verdad, quiero siempre mostrar cosas bellas y un poco curiosas. Las
explicaciones técnicas las dejo a ellos, como debe ser. Que cada uno se quede
con su pegamento, dice el carpintero. Y yo soy agrónomo, ni carpintero,
entonces, ¿con qué y por qué me meto con la NASA? Simplemente, porque sí.
Punto.
Ahora sigo con el
Phoenix, que se cae en las cenizas de Marte. Ojalá pueda levantar vuelo con
muchos descubrimientos nuevos. Necesitamos saber de una vez por todas si hay
vida, agua o no en Marte. Esa es su misión.
Ahora vengo al
punto dos de lo que nos muestra la NASA.
La NASA nos
muestra su inmenso poder tecnológico.
El Orbiter, como
dije, volando, girando, enviando datos, es decir, trabajando a pleno. Viene su
pequeño hermano, el Phoenix. Lo saluda ya de lejos y lo guía hacia una órbita
correcta. En verdad, Phoenix lo hace solo, porque no es tonto. También es un
producto de la NASA.
Pero él es
pequeño. Y en un momento exacto se deja caer hacia la superficie de Marte. Su
hermano mayor está en este momento a una distancia de 760 kilómetros, y quién
sabe dónde. A la vista de Phoenix, o en la sombra, o sobre el polo sur, o
dónde. Pero no importa. La NASA lo sabe, Phoenix lo sabe, y más todavía, el
Orbiter lo sabe. Más aún, prometió a la NASA, al mundo entero y a su hermano
sacarle una foto cuando el Phoenix se baje con su paracaídas. Así lo prometió,
y así lo hizo. En un día con mucho sol (por suerte dejó de llover unos días
antes, no es broma), está el Phoenix por aterrizar. Vean ahora las fotos del
Phoenix, ya no Orbiter, sino Lander, mejor dicho, ¡el Phoenix Volador!
Lo interesante es
que la cámara fotográfica está en el satélite del Mars Orbiter, a una distancia
de 760 km. Es capaz de encontrar un objeto cayendo, el Phoenix, y tomar
imágenes de un objeto de un diámetro de diez metros.
El paracaídas
tiene 10 metros de diámetro. El Phoenix, no lo sé en el momento, puede ser la
mitad. A casi ochocientos kilómetros, viajando el Orbiter alrededor de Marte,
cayendo el Phoenix, ¡y sale una foto nítida!
Las otras
imágenes, a una altura de menos de trescientos kilómetros sobre Marte, con poco
aire en la atmósfera, como dicen (¿cómo funciona un paracaídas sin aire?), no
salen imágenes brillantes ni tampoco en color natural.
En un golpe, la
NASA muestra su poder tecnológico, porque el Mars Orbiter no es estacionario.
No. Gira rápidamente sobre Marte, pero se encuentran para saludarse en el aire
y se sacan fotos. En otros momentos, el mismo Orbiter nos manda imágenes de
calidad inferior, muy inferior. ¿Por qué?
Josef Bauer


























